El cine en colectivo sabe mejor
Por Christian Vilches Lizardi
Una de las características esenciales de los seres humanos es su habilidad y necesidad de vivir en sociedad; característica que resulta el catalizador de la propia personalidad, pues los humanos están determinados por costumbres de quienes los rodean.Los elementos que cada ser humano apropia para sí, a voluntad o de manera inconsciente, hacen diferencias y concordancias con otros seres de su entorno.
En el arte, históricamente se han encontrado personas que tienen un mismo concepto estético o ético y que han logrado convencer a otros de su visión, dando pie a que en esa misma inercia surjan individuos que estén en desacuerdo con su interpretación y estos contrarios, atraídos por sus concordancias, tengan a bien el enfocarse en demostrar que su versión del arte es la que debe prevalecer sobre la primera.
Este devenir en la historia del arte ha sido marcado por las academias, por las vanguardias, los “ismos”, etc. Y en el cine han existido y seguirán apareciendo dos o más personajes con la intención de unificar ideas.
Como ejemplo podemos mencionar a la “Nouvelle Vague” o nueva ola, nombre dado a una corriente cinematográfica conformada por un grupo de realizadores franceses que hace ya 60 años se avinieron para producir obra en contraposición a la estructura típica del cine de su país y se proclamaron a favor de la libertad tanto técnica como de expresión y producción.
Otro ejemplo más reciente, es el que iniciaran cineastas daneses bajo el mote de “Dogme 95” o dogma 95, con la filosofía de trabajar filmes con mayor producción dramática que técnica o de post-producción, rechazando los géneros que condicionan al espectador y enfocados en la búsqueda de una verdad profunda.
Pero, ¿qué tan necesario es que un grupo manifieste voluntades en común?
Pues en principio nace por otra necesidad humana que es la de expresar las conjeturas propias o las que adherimos a nuestro saco cultural, sumándole que al tener con quién compartir y validar nuestra tendencia artística, desarrollamos y consolidamos nuestra permanencia en la tierra.
He ahí que surge el caso del Cine Colectivo Guanajuato, que nace de esa imperante voluntad de hacer cine, de coadyuvar con el otro, de convertir a ese otro en parte un uno mismo, de hallar en el arte un escape a esos sueños y a esas arriesgadas ideas que saben mejor cuando se hacen en grupo.
Esa voluntad en común funciona como laboratorio para que los que saben comprendan nuevos límites y para que los que no saben puedan aprender en la práctica y participar de grandes ideas, teniendo las atenciones para que los egos no sean condicionantes de esta convivencia.
Si bien es arriesgado mencionar en la misma cuartilla dos corrientes cinematográficas y un emergente gremio de cineastas del centro de México, consideramos necesario (una vez más) manifestarnos, proclamarnos y encontrar, con la ayuda de este breve ensayo, quien sienta que tiene concordancias con más de cincuenta mujeres y hombres que desde sus trincheras personales (músicos, pintores, actores, cineastas, ingenieros, estudiantes, amas de casa, o lo que sea) tienen en el cine un punto de enlace para darle vida a su creatividad y darse cuenta que el cine, en colectivo sabe mejor.


















